sábado, 3 de octubre de 2015

El errante

Desvaríos del errante
que colgamos del techo
para no oír cuando roncan
los danzantes del averno.
Desvaríos del errante
que ignoramos al pasar
dormitando en butacones
para que su lamento no nos despierte.
Desvaríos del errante
maldecido en su cuna
y que medirán de cada salto
la distancia que hacemos al abismo.
Desvaríos del errante
obsoletos e indecentes
olvidados en las calles
de la ciudad inexistente.
Desvaríos del errante
un mudo gritón enfrentado
a un ejército de sombras
que se lo comen mientras duerme.
Desvaríos del errante
viajero sin billete de retorno
al mundo que construye
donde su imagen no es diferente.

© Ike

4 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Me asustan, a veces esas palabras dichas al viento, nacidas de errantes desconocidos con quienes me suelo cruzar al pasar. Quizás, si me detuviese un momento a intentar comprender sus razones y sus penas, las palabras -aunque dolieran igual- no resultarían tan ajenas e indescifrables. A veces, la culpa de la falta de entendimiento resulta ser compartida.
Un abrazo

Ángel Iván dijo...

Estoy recién llegado de tu bella tierra querida Mónica, he pasado casi dos semanas maravillosas, ya daré cuenta de ellas con las fotos.
¿Te has fijado que cada vez menos nos comunicamos de cara y de forma verbal? he leído hace poco que en el 2050 los robots de satisfacción sexual serán una realidad, me da mucha pena, creo que dentro de poco vamos a parecer a esos jóvenes nipones que no salen de sus casas y hacen todo a través del ordenador.
Un besazo inmenso.

María Perlada dijo...

Desvaríos latidos desde tus versos, pinceladas existentes entre tus versos.

Un beso dulce de seda.

Ángel Iván dijo...

Gracías María.
Bienvenida a tu casa, yo los califico más como desvaríos que como versos pero porque uno es así de rarito.
Un besote y feliz domingo.

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